
No pude detener el sarpazo que me detonó esta vez.
Llegaste con olor a sangre, con mugre de tierra muerta entre las garras, con intención de matarme y pulso de gato.
Mujer, luchame.
Dispuesta a la batalla, encarame en las lunas.
Si no querés estar, despedite y exiliate en el desierto, tiniebla.
Si querés estar, lista para sangrar enamorada y compartir el fluído en la victoria universal de nuestras almas contra el tiempo.


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